"Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse" Daniel 1:8
Dios les bendiga:
Esta es la historia de un hombre viviendo en los años de su juventud, los años de la inmadurez emocional, los años de su formación como hombre, los años "locos" como le llamaríamos algunos.
La edad de la independencia, de la autosuficiencia, de la inexperiencia, los años en los cuales hasta los mejores hombres, se equivocaron:
"¿Por qué escribes contra mí amarguras, y me haces cargo de los pecados de mi juventud?" Job 13:26
" De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová. " Salmo 25:7
Esta es la historia de un joven llamado Daniel; uno de los personajes bíblicos más apreciados por su servidora. Daniel fue un personaje singular, aún cuando podemos observar cierta afinidad en él con otro de mis entrañables personajes bíblicos: José, el hijo del patriarca Jacob.
Daniel, como asenté al inicio, era solo un joven cuando fue llevado preso como esclavo a un país ajeno a él. Hasta ese día, Daniel jamás había conocido el rostro de la necesidad, pues era de linaje real. (Dn.1:3)
No fue por gusto que salió de su casa paterna, (como los jóvenes contemporáneos, que están ansiosos por volar con alas propias, y que solo están esperando cumplir su mayoría de edad, en el mejor de los casos; para irse de la casa paterna). No; él salió por medio de una terrible tragedia: sus ojos fueron testigos de cómo su casa, su familia, (quizás) su tierra, su nación entera fue masacrada, destruída por aquella horda bárbara procedente de Babilonia.
Sus pies y manos fueron apresados con cadenas, su persona fue puesta en cautiverio, y fue así como entró al imperio más poderoso en sus días; la gran Babilonia.
Su vida en Babilonia comenzó bajo las ordenes de la servidumbre del Rey, la providencia divina le llevó a ser elegido como parte de un grupo selecto que cursaría una educación especial a fin de servir al Rey de una manera particular, sin embargo, como descendiente real, Daniel era un joven educado, dotado de la mejor educación que su patria madre podía ofrecer a los hombres notables del reino:
" Y dijo el rey a Aspenaz, jefe de sus eunucos, que trajese de los hijos de Israel, del linaje real de los príncipes, muchachos en quienes no hubiese tacha alguna, de buen parecer, enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey; y que les enseñase las letras y la lengua de los caldeos" Daniel 1:3-4
Bien pronto Daniel comenzó a brillar, pero su luz procedía no precisamente de sus grandes dotes intelectuales, sino más profundo aún: de su mismo espíritu.
Mientras enfrentaba el proceso de asimilación de cultura y nuevo status social, observamos que las Escrituras guardan silencio respecto de sus noches de insomnio, de su esfuerzo para adaptarse a su nueva vida, del sufrimiento debido a su pérdida familiar, de sus largas jornadas de estudio y trabajo; no hay referencia de ello, pero seguramente que Daniel fue un joven que como todo ser humano, experimentó cada una de estas cosas, mientras era entrenado para transformarse en lo que sus captores deseaban que se convirtiese.
Incluso su nombre fue cambiado. Todo parecía indicar que Daniel estaba camino a la pérdida de su propia identidad:
" A éstos el jefe de los eunucos puso nombres: puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego" Daniel 1:7
La historia de José es semejante, aunque su tragedia no se le puede achacar a ningún país enemigo del suyo. No, su enemigo, o más bien sus enemigos, los tenía dentro de su propia casa.
Sus propios hermanos, sangre de su sangre, eran sus enemigos y quienes hicieron todo lo necesario a fin de deshacerse de él, pues las Escrituras dicen que lo aborrecían a tal grado que no eran capaces de sostener una conversación pacífica con él:
" Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente" Génesis 37:4
Por supuesto que no todo era culpa de sus hermanos, pues en esto el padre tuvo mucho que ver. Esto nos recuerda que todo ser humano es imperfecto y comete errores, y el error de Jacob, el padre de José fue hacer diferencias entre sus hijos. Las Escrituras son claras y honestas al no escondernos las facetas humanas de sus personajes bíblicos, nos los muestra con todos sus errores, pero también con sus virtudes.
Recuerdo cuando era una niña pequeña y tenía la idea de que mi padre jamás se equivocaba. Me tocó vivir en la época en que los hijos respetábamos a los padres, en que no los cuestionábamos, y los obedecíamos casi a ciegas.
Hoy en día esto ha cambiado totalmente, ahora son los hijos quienes quieren mandar a los padres, son irrespetuosos, desobedientes y todo el tiempo están cuestionando, todo ello merced a los psicólogos modernos, como el que recomendó que la disciplina paterna debía ser censurada y erradicada, debido al alto índice de transtornos emocionales que dejaba en los muchachos. Paradójicamente su propio hijo terminó suicidándose.
En fin, regresando al drama familiar que la familia de José experimentaba, no está del todo ajeno al que enfrentan millones de familias hoy: todavía los padres siguen cometiendo el error del patriarca Jacob; cosechando por consecuencia el resentimiento de aquellos hijos que se sienten menos amados, así como el dolor de haber fomentado en su hijo mimado la adquisición de un caracter egoísta, inmaduro y dependiente.
No fue este el caso de José. Dios tenía planes grandes para el joven soñador, pues las Escrituras nos narran que Jose estaba continuamente soñando extraños sueños, que sus propios hermanos y padre pudieron descifrar perfectamente:
" Y soñó José un sueño, y lo contó a sus hermanos; y ellos llegaron a aborrecerle más todavía.
Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado: He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío. Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras" Génesis 37:5-8
" Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí.
Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?" Génesis 37:9-10
Es importante señalar que los sueños de Jose eran en el sentido literal de la palabra. No se trataban del tipo de sueños que tan incentivados son hoy en día y que han invadido las librerías cristianas y los púlpitos contemporáneos.
"Sueña y ganarás el mundo" reza el título de una obra literaria herética, autoría del fundador de la doctrina gedocista, Cesar Castellanos, la cual, junto al resto de sus escritos heréticos atiborran los estantes de librerías cristianas, y los diversos sitios que lo ofrecen en la web.
No, no se trataba de este sentido del vocablo, sino en su estricto sentido literal. Pero, Qué hay de malo en que soñemos despiertos en un mejor porvenir, por ejemplo? la respuesta es nada, siempre y cuando este sueño no se haga tan repetitivo que termine convirtiéndose en obsesión y meta en la vida.
En el caso del pseudopastor mencionado con anterioridad, su sueño era no solo una megaiglesia como la que ahora tiene, sino una iglesia con una membresía tan grande como la arena del mar y las estrellas del cielo, en plagio directo de la escena bíbica del pacto Abráhamico; por lo menos es lo que se puede observar una vez que te adentras en el libro.
La pregunta que surge es:
Para qué quiere él una iglesia tan grande? y Porqué las megaiglesias se han constituído en el sueño febril de tantos y tantos pastores?
-Por las almas, sería la cándida respuesta de muchos, pero ...Será esto así?
Porqué entonces no les entregan el genuino evangelio de Jesucristo para que se salven, si es que en verdad aman las almas? la doble respuesta es sencilla: porque ellos mismos no son genuinos ministros del evangelio, y por lo tanto, no poseen el pan no adulterado de la bendita palabra de Dios. Es la causa y razón de que tengan que elaborar su propia receta del éxito, usando la misma vieja estrategia usada por la serpiente antigua, el diablo; en el jardin del Eden: apelar a la codicia y apetitos del hombre:
"No te contentes con lo que tienes, sueña por más, sueña, que tu mismo marcas tus límites, cuando dejas de soñar"
Se oye muy bonito, un fruto atractivo para nuestra naturaleza humana ávida de poder, de señorío, de poseer. Contrariamente, la Palabra de Dios nos recomienda la mesura y el contentamiento:
" Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto" I Timoteo 6:6-8
Nada malo tiene planificar, soñar en cosas buenas, pero todo sueño y deseo nuestro debe estar subordinado a los planes soberanos de Dios para nuestra vida en particular, pues la Biblia nos muestra que su plan de vida para cada individuo es singular.
Y Jose soñaba sueños que luego contaba a su familia, lo cual le hacía meterse en problemas mayores no solo con sus hermanos, sino que su mismo padre le llamó la atención.
Sin embargo el plan divino para la vida de este joven llamado José contemplaba el hecho de que el rechazo de sus hermanos crecería contra él a tal grado, que pronto comenzaron a fluir instintos homicidas en el corazón de ellos.
Nuevamente la providencia divina interviene y José no es asesinado, sino vendido como esclavo a una caravana ismaelita, quienes a su vez lo vuelven a vender a un prominente hombre en Egipto.
En esta ocasión las páginas sagradas nos brindan más detalles de la vida doméstica de José como siervo, es decir, esclavo de Potifar, oficial de Faraón, el título que solían ostentar los reyes de Egipto.
Observamos en José a un joven trabajador, esforzado, sufrido; con seguridad, si consideramos su anterior vida como hijo consentido de su padre. Los padres deberíamos saber que estamos imposibilitando a nuestros hijos a enfrentarse a la dureza del mundo exterior cuando los criamos mimados y consentidos. Aunque parece ser que éste no fue el caso de José.
En fin, José, al igual que Daniel, fue dotado por la gracia divina, la cual le hacía prosperar en todo lo que hacía; en otras palabras: todo lo que emprendía le salía más que bien. Dios daba bendición a toda labor en sus manos y bien pronto la luz que caracterizaría a Daniel en Babilonia, irradió en la persona de José.
Este hecho no pasó desapercibido para su amo, quien sabiamente le supo sacar provecho poniéndole al frente de todas sus cosas. Y José hiba ganando terreno, ya estaba en camino al cumplimiento de sus sueños.
Es muy factible que José se enfrentó con el mismo conflicto que su co-personaje bíblico Daniel: metamorfosearse y convertirse en un egipcio o un babilonio más o mantener sus raíces culturales y espirituales. Ambos optaron por lo segundo.
Ni el tiempo ni la distancia pudieron arrancar en ambos jóvenes su identidad como hijos de Dios ni como hebreos, mucho menos aminorar o disminuir sus altos valores internos, su ética personal que en estos jovenes era excepcional.
La adaptación cultural, social y linguística de estos jóvenes no afectó su esencia interna. Tenemos un dicho muy común los hispanos: " Al lugar que fueres, haz lo que vieres" que aunque resulta muy cómodo, no es ético, pues en el proceso podemos perder nuestra propia identidad, sacrificando muchas veces nuestros principios y valores internos.
Si tuviéramos que elegir una sola palabra para describir a estos dos personajes bíblicos, yo elegiría Integridad.
El diccionario de la lengua de la Real Academia Española define a una persona íntegra como:
La integridad de ambos jóvenes, Daniel y José fue probada y comprobada en varias ocasiones durante su estadía en las naciones extranjeras a donde fueron llevados.
Pero donde ambos se llevan las palmas es en el caso de Daniel, cuando por instigaciones de sus envidiosos subalternos fue censurada, o sea prohibida su costumbre de orar diariamente.
Creo que esta era la fuente del éxito de este joven: su dependencia de Dios. Las Escrituras nos detallan su costumbre de orar tres veces al dia, y que cuando Daniel se enteró del decreto de Darío el Rey Persa, no solo no cesó de orar, sino que no se escondió para hacerlo:
" Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes" Daniel 6:10
Qué hubiéramos hecho nosotros en los zapatos de Daniel? lo más seguro es que hubiésemos dejado de orar, o tal vez hubiésemos tenido que ocultarnos para hacerlo. Hace falta valor e integridad para hacer lo que este varon hizo, lo cual le llevó derechito a las fauces de los leones, en el sentido literal de la expresión:
" Entonces el rey mandó, y trajeron a Daniel, y le echaron en el foso de los leones. Y el rey dijo a Daniel: El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, él te libre" Daniel 6:16
Sin embargo, ni se nos prohíbe que oremos en nuestros días, ni tenemos la costumbre de hacerlo frecuentemente, aún cuando conocemos los beneficios que la oración trae en sí misma. Gloria a Dios por ese pequeño pero poderoso ejército de hombres y mujeres que aún se mantienen orando, por ese remanente que Dios ha preservado para sí en estos tiempos de gran apostasía.
José por su parte no la pasó mejor, al ser calumniado por la esposa de Potifar, quien al ser rechazada por este joven íntegro, inventó un intento de estupro por parte de éste hacia ella.
Dicen por allí que no hay nada más peligroso que una mujer despechada, y todo parece indicar que a José le tocó comprobarlo.
José además de poseer una belleza interna, era un hombre atractivo exteriormente, y este hecho atrajo la atención de la casquivana esposa de Potifar. Es muy posible que ya Potifar supiese la clase de esposa que tenía puesto que semejante delito del que se acusó a José merecía la pena de muerte en aquel entonces, sin embargo, Potifar solo lo envió a la carcel, sospechando internamente que las cosas no se dieron exactamente como su mujer le relató.
De todas formas, José fue a parar a la carcel en premio a su integridad, por negarse a cometer adulterio, debido a su temor reverencial hacia el Dios que le habían enseñado a amar y obedecer.
Es la integridad de estos jóvenes digna de encomiar e imitar? Por supuesto que si. No tan solo por lo que a la postre ambos lograron llegar a ser, sino por la clase de hijos de Dios que ambos eran.
Si Daniel consideró su vida menos preciosa que su fe, al grado de arriesgarla y si José supo poner los apetitos naturales de su cuerpo bajo el señorío de Dios, porqué será que la mayoría de los creyentes hoy no están facultados para pasar pruebas del calibre de éstas?
Sé de creyentes que reciben dinero extra al pagar alguna mercancía, y al percatarse de ello, guardan silencio. También otros encuentran alguna cosa olvidada y no son capaces de buscar al dueño para entregarla. Otros, al ver la sonrisa de una mujer comienzan a olvidar sus votos matrimoniales así como su testimonio cristiano.
La integridad es algo que lamentablemente no muchos conocen y menos practican. Recuerdo haber visto un video donde una pseudo-profetiza recomendaba integridad mientras trasquilaba las ovejas del Señor, enseñándoles la herejía de que los billetes hablan.
No me extraña ya nada de estos lobos rapaces, que viven a expensas de la grey, lo verdaderamente triste es que todavía existe gente que crea en ellos, y lo peor; que los defienda ante quienes exponen sus herejías. Pobres ovejitas que han puesto su confianza en estos ladrones sinverguenzas, que no temen afrentar a Dios al promover tanta herejía extra-bíblica, ni asaltar su rebaño. Pero un día darán cuenta a Dios de ello.
Creo que la mayoría de nosotros hemos enfrentado la prueba de nuestra integridad, solo Dios y nosotros sabe si la hemos aprobado o no.
Recuerdo a una hermana en Cristo que mientras realizaba un trabajo doméstico en una residencia de gente multimillonaria encontró un sobre tirado con un grueso fajo de billetes de 100 dolares. Estaba limpiando una de las recamaras de la residencia y recién habían retirado un escritorio en el sitio donde encontró el sobre con el grueso fajo de billetes esparcidos entre la basura que estaba recogiendo.
Recogió el sobre e introdujo cuidadosamente el dinero. No lo contó, pero un rápido cálculo, le hizo pensar en una cantidad como de 3.000 dolares o más. Guardó el sobre y buscó a la dueña de la casa a la cual contó de su hallazgo para enseguida entregarle el sobre con la cantidad íntegra, tal y como la había encontrado. Pese a no haber recibido recompensa monetaria por su honradez, la hermana se mostró íntegra en cuanto a Dios y su fe.
Lamentablemente este caso no es frecuente, especialmente en nuestros días, cuando la recesión abate la mayoría de los países que una vez fueron prósperos. Cuántos "cristianos" están dispuestos a incorporar bebidas embriagantes y cigarros que fomentan el vicio y envenenan al prójimo en sus negocios como restaurantes o tiendas, y cuántos más se enredan en negocios poco transparentes, cuántos venden su 'primogenitura' por el plato de lentejas que el mundo les ofrece.
como predicaba mi pastor el domingo pasado, "cuántos roban la señal de cable o alteran el medidor de la luz, a fin de evitar las altas tarifas", o cuántos cometen fraude contra las compañías de seguro inventando lesiones de trabajo que no existen. Todo esto no solamente es falta de honradez y de verguenza, es sobre todo el indicativo de ausencia de integridad como ser humano, pero sobre todo; como hijo de Dios.
Creo con todo mi corazón que los cristianos fuimos llamados a reflejar a Cristo ante los ojos del mundo, pero cómo le podrán ver, si nuestra ética no se diferencía de la de ellos.
Fuimos llamados a brillar en un mundo sumergido en las tinieblas, pero no se engañe, ni permita que lo engañen, este "brillar" no se refiere a recibir premios grammy de mano de quienes promueven todo tipo de pasiones mundanas, no se trata de estar bajo los reflectores de las grandes plataformas, ni en las marquesinas de los mega-lugares de entretención, NO, con mayúsculas.
Este brillar para Cristo habla más de una vida que honra a Dios mediante la conducta cristiana, de un carácter donde se puede evidenciar el fruto del Espiritu Santo, como el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fe, la templanza y el dominio propio.
Se trata de ir cada vez pareciéndonos más a nuestro Señor Jesucristo en cuanto a su carácter: manso y humilde de corazón. Se trata de que el mundo vea en nuestra vida la obra palpable de Dios. Se trata de que nuestra vida sea una predicación sin palabras ante los ojos del mundo.
No vemos un atisbo de deseos de venganza en José el soñador hacia sus hermanos, algo que debiéramos aprender de éste. Creo que todos hemos sido lastimados y ofendidos alguna vez en la vida, pero qué hermosa cosa es para el cristiano practicar el perdón; no solo darlo sino aprender a pedirlo también.
Cuando seamos capaces de dejar nuestro orgullo herido, o ignorar nuestra herida legítima, y permitamos que el amor y la gracia de aquel que rogó por sus torturadores y asesinos en la cruz, inunde nuestro ser y gobierne nuestro corazón, seremos capaces de ver más allá de la ofensa; por eso la Palabra de Dios dice:
" Fieles son las heridas del que ama" Proverbios 27:6 a
La obra de Dios demanda hombres y mujeres íntegros, de una sola pieza, que no teman confrontar el pecado, aunque éste se anide entre quienes ama. Si tu compromiso como ministro es más grande con el hombre que con Dios, estás en serios problemas y has perdido tu integridad ante aquel que te tomó de entre los hombres.
Las vidas de Daniel y José seguirán impactando a las generaciones que nos precederán si Cristo no regresa, (aunque ya algunos comenzaron a negar su regreso) ciertamente nosotros nos iremos y tanto Daniel como José seguirán brillando como antorchas radiantes en medio de las tinieblas, quiera el Señor que sus vidas y ejemplos nos inspiren a dejar de pretender ser lo que no somos y comencemos a ser verdaderamente hombres y mujeres íntegros delante de los ojos de Dios y del mundo.
Dios les continúe bendiciendo.





















































