Dios les bendiga:
En días pasados su servidora recibió una llamada telefónica de una querida hermana en Cristo a la cual hace tiempo no he visto. Dentro de la conversación la hermana dijo una frase que conmovió mi corazón. Ella dijo:
-Hermana García, tengo hambre.
Por supuesto que esta querida hermana no se estaba refiriendo al hambre física. Ella estaba manifestando un hambre espiritual que no estaba siendo saciada en el sitio a donde ella ha estado acudiendo a adorar a Dios.
Por supuesto que ella no me dijo nada de esto. Es fácil notar el hambre espiritual en iglesias donde se sirven alimentos precongelados, platillos cocinados en microondas, sermones copiados de google, o aún extraídos de películas en la cartelera de los cines.
Tal comentario pudiera parecer rudo, tal vez cruel, pero más cruel es que esto es una realidad en muchas iglesias contemporáneas. Personalmente he recibido varias críticas acerca del contenido de este blog, porque al parecer la verdad expuesta resulta algo difícil de tolerar para algunos; especialmente si se es un seguidor del ministro o ministerio expuesto. Entiendo esta lealtad hacia la persona que de alguna manera les alimenta espiritualmente, pero si se es un genuino seguidor de Jesucristo, debemos entender que primero le debemos lealtad a Dios y su Palabra, antes que a ningún hombre; llámese como se llame.
Que la iglesia está pasando por un período no de avivamiento, como muchos anuncian, sino de sequía y hambre espiritual es una realidad. Basta con detenerse a contemplar la clase de cristianismo que existe en el presente siglo XXI: un cristianismo relajado, pragmático, amalgamado con el mundo, bajo el pretexto de "brillar para Cristo" o de "ganarlos para Cristo" cuando en realidad lo que sucede es que quien termina ganado para el mundo es el cándido hermanito que se mete al pantano, pretendiendo salir ileso y sin mancharse.
Por otro lado, no todas son malas noticias: para ser justos y balanceados, debemos considerar a los genuinos ministros del Señor que se mantienen fieles al santo ministerio que un día Dios les confirió. Ellos son celosos de la sana doctrina, mantienen una relación cercana con Dios, se mantienen estudiando la Palabra de Dios, pues al igual que el apóstol Pablo, son eternos estudiantes de las sagradas escrituras, guardan su testimonio y saben darse en servicio a favor de las almas que el Señor puso bajo su ministerio. Un gloria a Dios muy grande por cada uno de ellos. Que el Señor les preserve haciendo así hasta que El regrese.
Nosotros debemos orar para que Dios continúe levantando esta clase de siervos; gente que ame al Señor con todo su corazón y que se dedique por entero a El y a su obra. Hombres y mujeres que no teman confrontar el pecado y que no se comprometan con el mundo y sus falsos valores.
Cuando el Señor alimentó a los 5000 en el Evangelio de Juan, capítulo 6, nos dicen las Escrituras que la gente otro día buscaba a Jesús para ser saciada; lamentablemente ellos iban tras el pan material, mas no el espiritual. Su hambre era literal, empero ellos necesitaban con más urgencia el pan espiritual. Lamentablemente no lo sabían. Al parecer, eran inapetentes espirituales.
Hoy en día, gracias a la pésima labor de muchos ministros perezosos o descuidados, y de los pseudos-ministros, se puede percibir que la anemia espiritual a la que ha estado expuesta gran proporción de la iglesia contemporánea ha desencadenado en un síndrome de anorexia espiritual.
La anorexia a nivel médico es un padecimiento que según investigaciones nace en el cerebro de quien la padece. Es una afección a nivel emocional y mental, ya que la persona pierde el apetito y se priva de alimento porque se considera más gorda de lo que en realidad es.
Es un padecimiento que por un tiempo se consideró propio de la gente adinerada, pero que en realidad se puede manifestar en cualquier estrato social. Existe un alto índice de este padecimiento entre las personas que se dedican al modelaje o a oficios cuyo desempeño se vea afectado por su imagen física.
Es muy común observar mujeres esqueléticas desfilando en las pasarelas, u oir alguna noticia relacionada al deceso de alguna modelo famosa debido a esta triste afección. La persona simplemente deja de comer, hasta que muere.
Por ello, el que alguien manifieste hambre espiritual es lamentable por un lado y siempre un gozo por el otro.
Lamentable porque significa que su necesidad no está siendo atendida. Un gozo porque significa que está sana, que no está inapetente, por ello reclama alimento. Solo los muertos no tienen necesidad de alimento.
Cómo podemos aplicar esto a la vida espiritual?
Sencillamente regresando al verso inicial, donde Dios promete enviar hambre a la tierra, pero una clase de hambre, de apetito, que algunos desconocen:
"He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová"
Lamentablemente, éstos no son esos días para la gran mayoría de personas que se denominan cristianas. La gente de hoy lo que desea oír es algo que le reconforte, que le haga sentir que todo está bien, algo que le acaricie el oído y alimente su ego.
Nuestro Señor jamás predicó temas que elevaban el ego de quienes le oían, jamás impartió un pan liviano, todo lo contrario. En cierta ocasión varios de sus discípulos no pudiendo soportarlo, le dejaron diciendo:
"Dura es ésta palabra. Quién la puede oír?" Jn.6:60
Existe en nuestros días en gran proporción de gente, una comezón de oír, pero no apetito por la Palabra de Dios, como la Escritura bien lo predijo varios siglos atrás:
"Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas" II Timoteo 4:3-4
Esta palabra surge del vocablo griego μῦθος (múdsos, o muthos) lo cual se define como: cuentos, historias, ficción, fama. Es interesante reflexionar en ello, pues hoy en día es muy común escuchar gran variedad de cuentos e historietas desde nuestros púlpitos, ya sean anécdotas personales donde el héroe repetitivo siempre es el predicador (fama) porque jamás comparten la historia cuando algo les salió mal, hasta una gran variedad de chistoretes diseñados para la entretención y esparcimiento del oyente, qué importa que tal algodón de azúcar no les nutra, sino les enferme; al fin y al cabo, son muy pocos quienes lo pueden detectar.
Querido lector, es usted una persona nacida de nuevo? Se considera un cristiano, miembro de la iglesia de Jesucristo? Mi pregunta va para usted:
Qué tal está su apetito espiritual? Está a menudo dispuesto a recibir el pan divino o lo encuentra poco atractivo? Está vigilando las manecillas del reloj mientras la predicación de la Palabra es expuesta? Se duerme o se aburre a menudo durante la ministración de la Palabra de Dios? Cuidado, porque pudiera estar en franca anorexia espiritual. Lo triste es que ésta si no se atiende, desencadena en la muerte.
Es triste tal situación, pero es igualmente cierta, demasiados cristianos bostezan en las iglesias, mientras casi echan los pulmones afuera en los estadios deportivos, o en las salas de su casa, mientras miran el super tazón, o el clásico de soccer de su país. Anorexia espiritual, porque han dejado de apetecer el pan del cielo.
Mi oración a Dios es porque cumpla la profecía del profeta Oseas en nuestros días y despierte el hambre en su pueblo, pero el hambre por su buena Palabra.
Dios les continúe bendiciendo.















0 comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por dejar sus comentarios. Dios le continúe bendiciendo.