lunes, 28 de marzo de 2016

Y TU, QUIEN ERES?





“Sabe usted quién soy yo?” decía el correo que alguien dejó en mi inbox hace cierto tiempo.. para luego proceder a identificarse como un muy conocido presunto defensor de la sana doctrina. Empero, sus palabras y actitud no lo identificaron como tal.

Lo cierto es que como respuesta al fenómeno de la apostasía rampante de los tiempos que nos ha tocado vivir en nuestro cristianismo contemporáneo, comenzaron a elevarse voces de hermanos y ministros que no se mostraron conformes con las novedades doctrinales y las prácticas que trajeron como consecuencia dentro de la iglesia; siendo identificados mas tarde éstos como “Defensores de la sana doctrina”; entre los cuales humildemente aporto mi granito de arena.

Lamentablemente algunos no comprenden lo que significa la apologética cristiana, tampoco cómo ejercerla. Porque, ...¿Cómo defender lo que se desconoce? porque son realmente pocos los que saben lo que es la sana doctrina. Con tristeza hemos visto a algunos declararse de “sana doctrina” porque en su iglesia las mujeres no usan pantalón, no se maquillan, o no predican. Otros critican a los apóstatas contemporáneos, pero ellos mismos no creen en doctrinas capitales como el arrebatamiento, por ejemplo.



Los hay, que unen su desconocimiento de la sana doctrina a métodos poco ortodoxos para realizar su defensa: despotrican en contra de quienes consideran dignos de ser reprendidos en una forma propia de gente que no conoce a Dios. Maldicen a sus contrincantes, los vituperan, se burlan de ellos, usan todo tipo de calificativos peyorativos y ofensivos para menoscabar, desvirtuar y atacar su persona. Reitero: Desconocen la forma correcta de realizar la defensa de la sana doctrina.

Un genuino defensor de la sana doctrina es alguien que sabe lo que la sana doctrina es, para empezar. No es alguien que deseando corregir a otros, viene a quedar en error doctrinal él mismo. Muchos cristianos y aún ministros lamentablemente basan su sistema de creencias en dogmatismos humanos más que en la Palabra de Dios. 

Debemos reconocer que hemos heredado gran proporción de dogmas emanados de evangelistas y ministerios populares. Ya porque Yiye Avila (por usar un ejemplo) dijo algo, lo hacemos doctrina. Fue él quien afirmó que era pecaminoso que la mujer usara pantalón, realizando una errónea labor de interpretación de un pasaje ubicado en el A.T. que fue escrito cuando aún ni siquiera se inventaba el pantalón en el mundo.
Sobre este tema del pantalón no añadiré más, porque no soy su defensora, solo lo cito para mencionar un ejemplo de cómo tenemos mucho dogmatismo en nuestro credo doctrinal.

Hace poco publiqué un post que viene muy al caso: “Errar es de humanos, corregir es de sabios, pero reconocer los propios errores, solo es de gente humilde”. Debemos ser humildes y reconocer que hemos errado, nos hemos equivocado, dando por hecho doctrinas que no son mas que dogmatismo humano, y hemos pasado por alto el verdadero espíritu de las Escrituras sagradas. Como maestra en la Palabra, he tenido que pararme en el camino y corregir muchas cosas que creía a pie juntillas, porque así fui enseñada.

No creo que haya existido dolo en nuestros mentores espirituales, simplemente que si no nos detenemos a pasarlo todo por el filtro de las Escrituras nos hallaremos enseñando a los que vienen tras de nosotros cosas que realmente no tienen un genuino sustento bíblico; o que si lo tienen, simplemente no aplican para la era de la gracia.

Tambien se requiere del apologeta que realice su función no solo con conocimiento de aquello que pretende defender, sino con un espíritu y actitud propia de gente que profesa piedad. Deja mucho que desear y pensar, “cristianos” que usan la burla, los improperios y el ataque personal en su afan de “defender” la sana doctrina. Para empezar su conducta no es sana, es nociva. Segundo: se debe atacar la doctrina corrupta, no la persona. Al decir “atacar” me refiero a DEMOSTRAR por las Escrituras el error doctrinal. Como obviamente, muchos carecen de el conocimiento, la habilidad, la paciencia y la disciplina para hacerlo, pues simplemente se dedican a atacar la persona.



Pues bien, este movimiento, al igual que otros ha dejado su legión de “héroes de la sana doctrina”, hacia los cuales se rinde cierta devoción por parte de cristianos que no han comprendido la diferencia entre honra y endiosamiento de hombres. Es que se requiere de muy poco, pero muy poco para que el ego humano se infle. Hoy por hoy hay ministros que se creen superiores que otros, que manifiestan una escasés de humildad preocupante; como el referido ministro al inicio de este escrito.

Viene a mi mente el testimonio verídico de un siervo de Dios que vivió durante la época cuando el muro de Berlín aun permanecía erguido. El era uno de los cristianos con reputación de la iglesia subterránea. Este hombre de Dios fue perseguido por causa del Señor y torturado, pero mantuvo valientemente su fe intacta. Despues de pasar catorce años de terribles suplicios y de largas noches en una celda húmeda, pestilente y oscura, treinta pies bajo tierra, sintió su soledad y pidió a Dios que le hablara. Entonces tuvo una visión en la cual escuchó la voz de Dios. El escuchó cuando Dios le preguntó: 

“COMO TE LLAMAS?”

La pregunta era rara. Pero Dios a veces hace preguntas raras. Le preguntó a Adán: -Dónde estás tú? no porque desconociese dónde estaba sino para hacerlo pensar que se encontraba en el sitio equivocado, escondiéndose de aquel que todo lo ve.

De modo que, al escuchar a Dios preguntar: COMO TE LLAMAS?” una lucha empezó en su interior. ¿Acaso no sabía Dios quién era él y aún, porqué se encontraba en ese lugar? ...¿No miraba Dios las cicatrices viejas y las heridas frescas que daban testimonio de todo su sufrimiento por causa de la fe? ...¿Porqué pues Dios preguntaba por su nombre? doblándose aún de dolor, pensó:

Sé que soy Richard, pero leí que una vez hubo un santo llamado Richad que murió por su fe. Qué, si me pregunta: “¿Eres tú ese Richard?”... Sé que soy cristiano, pero leí que antiguamente los cristianos entraban en la arena a ser devorados por su fe y yo no soy tan valiente como esos cristianos. Tal vez deba decir “Soy un pastor” pero no me atrevo porque sé que un pastor debe velar dia y noche por sus ovejas y yo no lo hago.

“COMO TE LLAMAS?” Insistió la voz

Se postró ante el Señor y humildemente gimió:
“Jesús, yo no tengo nombre. Permíteme llevar tu nombre”



Todos frecuentemente nos encontramos lidiando con nuestro ego. Esto se manifiesta en un grado mayor entre ministros y líderes cristianos. En estos tiempos de gran avance tecnológico, con eso de las redes sociales, el fenómeno de youtube, el auge de la web; es muy facil hacerse de popularidad y adquirir la reputación que se desee. Solo basta con armarse de una camarita y entrar a una iglesia católica a “predicarle” a los curas e interrumpir su misa, para que todo mundo te considere campeón de la fe. Claro, si un cura hiciese eso en una iglesia cristiana, se le catalogaría de loco, atrevido y desordenado, pero si uno de los nuestros lo hace, enseguida lo convierten en un ídolo cristiano.

Tal era el caso de la persona que me escribió preguntándome si yo no sabía quién era él. Alguien le envió en mi nombre un video viral y sin investigación previa, me increpó al respecto. Sinceramente yo habia visto por la web que rondaban gran cantidad de videos suyos en compañía de otro ministro de su pais, pero habiendo visto de inicio su estilo álgido y el desconocimiento de la genuina sana doctrina, elegí no ver su material. Por supuesto que sabía de paso quién era el susodicho, pero el tono en que me hizo la pregunta me reveló mucho más acerca de su personalidad.

Si bien es cierto que la omnisciencia de Dios lo abarca todo, ello no significa que El nos conoce como ministros suyos. La Biblia dice que en aquel día muchos le dirán:

-”Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” y que El simplemente les dirá:

“NUNCA OS CONOCI” (Mt.7:22-23)

Lo cual significa que no importa que todo el mundo nos conozca y nos brinde su reconocimiento. Si Dios no nos conoce, ¿De qué sirve esto? ...¿Para qué perseguir la fama y la aprobación de la gente si estamos reprobados delante de Dios? ...¿Porqué los ministros hoy pasamos largas horas en las redes sociales y casi ninguna en la presencia de Dios? ¿Cuál es la motivación por la que hacemos lo que hacemos? Estas son preguntas que deberíamos hacernos frecuentemente.

Creo que ya es tiempo de que nos definamos. Es tiempo de que tomemos nuestro sitio como siervos. O somos siervos o somos reyes, o somos servidores de los hombres por amor de Cristo o somos sus presuntuosos lideres. Basta ya de sacarle brillo a nuestro nombre para “apantallar” hombres. Basta ya de usar el nombre y la Palabra de Cristo con el fin de hacernos de una reputación. Seamos honestos y tengamos la humildad suficiente para reconocer que solo somos siervos y que nuestra mayor gloria será que Dios lo conozca. Dios les continúe bendiciendo.

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