"Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará" Isaías 43:21
Dios les bendiga:
Realmente es muy hermoso cuando el pueblo de Dios se reúne para adorar al que es digno por los siglos, a Jesucristo, el Hijo de Dios. Al que nos redimió a precio de su propia sangre.
Es un privilegio dado a los santos de poder acercarse hasta el trono de la gracia y presentar ofrenda grata de alabanza y adoración al que vive por los siglos, el que estuvo muerto, pero vive y tiene toda potestad en los cielos y en la tierra: Jesús, el Hijo del Dios viviente, el que era, el que es y el que ha de venir, bendito por los siglos. Amén.
Sin embargo, debemos reconocer que conforme pasa el tiempo nuestros altares, al menos muchos de ellos, se han convertido en escenarios de entretenimiento, donde la gente busca algo que sea agradable a la vista y el oído.
Muchos ministros contemporáneos se sienten presionados por atraer y después mantener grandes multitudes, a costa de lo que sea, y si esto incluye hacer circo maroma y teatro, ceden olvidando la razón de ser de la iglesia y su principal función como tal.
La iglesia fue llamada con tres propósitos principales:
1. Adorar
2. Predicar
3. Servir
Entendiendo lo primero como lo descrito por el Señor a la mujer samaritana: Dios buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad. (Juan cap.4) Si vamos al texto inicial conque se abrió el presente artículo nos daremos cuenta de la razón fundamental de la iglesia como tal.
Tristemente, la iglesia ha equivocado tanto cada una de sus razones de ser, de sus funciones como tal, que hoy en día las grandes concentraciones cristianas no difieren mucho de las mundanas; en ambas hay música estridente, gritos, chiflidos, aplausos, bailes sensuales, fanatismo hacia los cantantes, y un largo etcétera.
Se ha perdido lo que nos diferenciaba del mundo. Hoy estamos mucho peor que ellos, porque ellos al menos no conocen a Dios, andan en tinieblas y por eso actúan con ceguera, pero para quienes se dicen ser hijos de Dios y actúan de esta misma manera, les ha sobrevenido el viejo proverbio:
" Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno" II Pedro 2:22
Palabras fuertes las del apóstol Pedro, pero no por ello, menos ciertas; especialmente en los dias en que vivimos, en los cuales a nadie molestan estas cosas. Pareciera cosa normal actuar como lo hace el mundo, hacer shows de entretencion cada vez que nos reunimos, porque de otra manera la gente se irá buscando un lugar menos aburrido. En mi opinión, si se van es que no son de los nuestros; y es mejor que lo hagan, para que así se queden los que en verdad están dispuestos a servir a Dios, alabarle en todo tiempo y bajo toda circunstancia. Esos son los verdaderos adoradores.
Amado ministro y líder de alabanza: No hagas del altar de Dios un circo, no te afanes por entretener a la gente, deja mejor que Dios sea exaltado a través de tu ministerio, bendiciendo a tu auditorio a través tuyo, y para ello, lo único que se requiere es una vida consagrada a El, en santidad e integridad.
Dios te continúe bendiciendo.
A continuación, algunos videos de entretención que pretende ser adoración. El que tenga discernimiento, discierna.
"Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos. Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores" I Timoteo 6:12-15
Dios les bendiga:
El grupo de hombres avanzaba dificultosamente. Eran las 4:00 a.m. y en medio de la oscuridad de la madrugada, sus cuerpos empapados casi convulsionaban de frío.
Habían abandonado la tibieza de su lecho y ahora se encontraban en plena lucha de sobrevivencia, en medio de la feroz corriente marítima que amenazaba con devorarlos. Imposibilitados para usar sus brazos para nadar, pues los mantenian ocupados sujetando la barcaza atestada de pesado y costoso equipo militar del cual ellos eran responsables, lograban mantenerse a flote mediante el imperioso movimiento de piernas que habia perdido su vigor inicial debido al cansancio. Las olas rugían y caían sobre ellos cual fiera agazapada esperando devorarlos; con cada hora y minuto que pasaban, sentian que las fuerzas los abandonaban. Nadie venia a su auxilio. Estaban abandonados a su suerte, y en medio de aquella terrible y desesperante situación.
De pronto, uno de ellos se hundió, soltando la barca. Ya no podia mas y finalmente se rindió a los elementos. Qué podía hacer él contra la fuerza del titánico mar? había luchado con todas sus fuerzas hasta que agotó las que creía sus sus últimas reservas.
Se dejó llevar por los elementos, extenuado, agotado al extremo. La muerte le aguardaba en la fria oscuridad de la profundidad marítima.
Solo se dejaba llevar, cuando unos brazos detuvieron su cuerpo inerte, sosteniéndolo y sacándolo a flote. Sorprendido miró a su salvador; era el sargento a cargo de aquel pequeño contingente militar, quien con unas palabras firmes le ordenó regresar a su lugar. El soldado sintió una inesperada ola de adrenalina y recuperando sus fuerzas, regresó a su sitio. Mas tarde, cuando el grupo recibió la orden, dejó caer la barcaza, subió a ella, donde se encontraba todo su equipo militar. Para cuando la barca llegó a su destino ya todos se habian despojado de la ropa mojada y vestido de su pesado, costoso y seco equipo militar.
Había superado la prueba. Ahora eran más fuertes, valerosos y confiables para sus superiores. Regresaron a sus barracas a dormir unos minutos, mientras el siguiente ejercicio se llegaba.
Esa es una pequeña escena del rigor de la vida del soldado.
La Biblia nos enseña que los cristianos somos soldados de las fuerzas militares del Reino de Dios. Una de las analogías que ilustran al cristiano es esa; la figura del soldado. El apóstol Pablo nos dice que estamos en una pelea, que lidiamos una batalla. En reiteradas ocasiones él escribe a sus destinatarios usando esta figura ilustrativa:
"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" Efesios 6:12
"Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado" II Timoteo 2:3-4
"...Te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también y los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida" Filipenses 4:3
Entender esta analogía en la figura del soldado es importante para nosotros hoy, por la sencilla razón de que ella nos explica grandes interrogantes de la vida cristiana.
Muchos cristianos nos hemos preguntado porqué nuestro Dios permite la adversidad en la vida del creyente. Al hablar de adversidad no me refiero a sucesos de la vida cotidiana que forman parte de la vida, me refiero a pruebas grandes que son dificiles de lidiar.
Pensemos, por ejemplo en el padre piadoso cuyo hijo resulta ser homosexual, en el pastor cuyos hijos se vuelven a la drogadicción, en la mujer cristiana cuyo marido es un abusador, en el maestro dedicado cuya familia es arrebatada por la muerte por un accidente automovilístico. En el matrimonio cristiano cuyo bebé muere al nacer. En el evangelísta cuya esposa es infiel. En el joven cristiano cuyo padre es alcoholico, en la joven cristiana cuya madre es una mujer promiscua. En el siervo de Dios cuyo hijo decide un dia quitarse la vida, en los hombres y mujeres fieles de Dios que un mal dia reciben un diagnóstico de cáncer....etc.
Cuando la vida nos golpea con fuerza, podemos sentir que todo se acabó. Podemos quizas dudar del amor y cuidado de Dios hacia nosotros. Podemos llegar a cuestionar a nuestro creador con un ...porqué a mí?
Cuando el dolor llena el corazón quebrando todo por dentro, podemos llegar a experimentar el cansancio, la extenuación espiritual del soldado de la ilustración inicial. Puede llegar el momento en que sintamos que la fe nos abandona, que probablemente Dios ya se olvidó de nosotros, el momento en que nos abandonemos a nuestra desgracia y caigamos en depresión. O podemos clamar con las últimas fuerzas de nuestra fe, y abandonarnos en las manos amorosas de Dios y experimentar casi ya al final de nuestras fuerzas, la mano auxiliadora de Dios sacándonos de las muchas aguas, igual como clamó David, el hombre cuya vida ilustra perfectamente las grandes luchas por las que a veces pasa el cristiano:
"Sálvame, oh Dios,
Porque las aguas han entrado hasta el alma.
Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie;
He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado.
Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido;
Han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios"
Salmo 69:1-3
El hecho de que la calamidad toque la vida del cristiano no es un misterio. El apóstol Pedro escribe al respecto en su primera carta:
"Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese" I Pedro 4:12
Tenemos también en las Escrituras el célebre caso del patriarca Job. Perdió todo cuanto tenía: casa, hijos, fortuna, esposa, salud. Nada aparentemente le quedó al patriarca en medio de su adversidad extrema. Hasta sus amigos le dieron la espalda. La sociedad que antes le respetaba, le rechazó. Job llegó al extremo de desear jamás haber nacido, de maldecir el dia de su nacimiento:
"Perezca el día en que yo nací,
Y la noche en que se dijo: Varón es concebido.
Sea aquel día sombrío,
Y no cuide de él Dios desde arriba,
Ni claridad sobre él resplandezca.
Aféenlo tinieblas y sombra de muerte;
Repose sobre él nublado
Que lo haga horrible como día caliginoso.
Ocupe aquella noche la oscuridad;
No sea contada entre los días del año,
Ni venga en el número de los meses.
¡Oh, que fuera aquella noche solitaria,
Que no viniera canción alguna en ella!
Maldíganla los que maldicen el día,
Los que se aprestan para despertar a Leviatán.
Oscurézcanse las estrellas de su alba;
Espere la luz, y no venga,
Ni vea los párpados de la mañana;
Por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba,
Ni escondió de mis ojos la miseria.
¿Por qué no morí yo en la matriz,
O expiré al salir del vientre?
¿Por qué me recibieron las rodillas?
¿Y a qué los pechos para que mamase?
Pues ahora estaría yo muerto, y reposaría;
Dormiría, y entonces tendría descanso"
Job 3:3-13
No podemos juzgar a nuestro hermano Job por hacer esto, mucho menos imitar su acción. Porque si alguien conoció el pleno significado de las palabras calamidad y dolor, con todas sus implicaciones; fue él.
Pese a eso, la Biblia termina de narrarnos la historia de su vida con notas de triunfo: Job venció, llegó a la meta, se graduó con honores en la escuela de la adversidad, por lo tanto su vida tiene mucho que enseñarnos a nosotros hoy, quienes es muy probable que jamás pasemos por las que él pasó, pero que no estamos exentos de caminar por el valle de sombra de muerte que menciona el hermoso salmo 23:
"Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo"
Salmo 23:4
Para muchos cristianos de este tiempo, es muy difícil entender el porqué de las adversidades, sencillamente porque han sido enseñados en un evangelio (si se le pudiera llamar evangelio) que no es el evangelio de Jesucristo.
Hoy muchos predicadores están predicando una especie de evangelio acomodado a los bienes de este mundo, se dice que entre mejor vivas, más bendecido estás. Se interpreta la prosperidad como bendición divina y la pobreza como maldición.
Mientras hacía mi doctorado en Teología solía luchar contra estos postulados que presentaban muchos de los autores de los libros de texto que desafortunadamente están usando las instituciones educativas cristianas hoy.
Está por demás decir que el promedio de mis notas bajó y que seguramente los múltiples comentarios que acompañaban mis tareas me acarrearon una reputación más bien perniciosa entre mis mentores.
En fin, aquello pasó, pero debemos ser conscientes que la clase de evangelio que se predica y enseña hoy, en realidad no se parece mucho al que predicó y enseñó Jesucristo. El hecho de que muchos cristianos ni siquiera se percaten hoy, es debido a que no hacen lo que hacían los cristianos de Berea, quienes se aseguraban de examinar las Escrituras; a fin de cerciorarse de que lo que les predicaba Pablo era verdad.
Es por ello que los cristianos de hoy han colocado a la adversidad, el dolor, la calamidad como obra del diablo. Claro, si estan enseñados que como "hijos de un Rey" tienen derecho a todo y nada deben carecer. Si han interpretado al dinero como sinónimo de bendición y las posesiones y logros terrenales como señal de favor divino. Si su idea de Dios es la de un genio de la lámpara maravillosa que acudirá a cumplir sus más mínimos deseos, en cuanto chasqueen los dedos, o mas bien, en cuanto "decreten" o "declaren la bendición"
Por ello cuando un cristiano padece, surgen las dudas: ¿Estará en pecado?, ¿Le faltará la fe? ¿Qué estará mal con él que tantas cosas le están sucediendo?
La Biblia es clara respecto del tema de la adversidad en la vida del cristiano. A diferencia de los cristianos de hoy, que disponen de la completa revelación de Dios en su Palabra escrita y de toda la labor teológica que nos legaron los grandes hombres de Dios; Job existió en una época en la cual ni siquiera había nacido Moisés, el primer amanuense sagrado, quien escribiera los primeros cinco libros de la Biblia.
O sea, Job no contaba con revelación divina escrita, y según leemos, ni siquiera un pastor o líder espiritual que le guiase, le explicase lo que le estaba sucediendo. Sin embargo él sabía muy bien por lo que pasaba:
"Entonces le dijo su mujer: ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios" Job 2:9-10
"En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él" Eclesiastés 7:14
"Que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto" Isaías 45:7
La Biblia nos enseña que más que un agente del diablo, la adversidad es una herramienta de Dios para forjar a sus hijos. Dios es un Padre por excelencia y El no cría hijos consentidos ni malcriados. Nosotros como padres solemos cometer muchos errores en la crianza de nuestros hijos, pero eso en Dios es un oxímoro, o sea una imposibilidad, ya que una de las facetas de su naturaleza es su Infalibilidad. Dios jamás se equivoca en lo que hace, ya sea que lo entendamos, o no.
Podemos ver a un incipiente pueblo que más tarde sería llamado Israel sometido a una dura esclavitud que duró 400 años. Falló Dios? No. Se olvidó Dios de la promesa hecha a su amigo Abraham? Nuevamente no.
Mas tarde le vemos vagar en el desierto por 40 años. Qué sucedió? Faltó algo a Dios para hacerles llegar en el tiempo estipulado de 40 días? Por supuesto que no.
Le vemos a través de las páginas de la Biblia, vagar entre viboras y escorpiones, despojados de comodidades terrenas, atravezando terribles parajes desérticos, sufriendo el agobio de la sed y el hambre en sus estómagos. Fué malo Dios al permitir esto? Se le terminaron los recursos para socorrer a su amado pueblo al dueño y creador de universo? Rotunda y certeramente no.
Ciertamente Israel, como hijo de Dios, al ser sacado de Egipto (figura ilustrativa del mundo), tenía muchas cosas que aprender, y Dios como Padre perfecto que El es, se aseguró de educar a su hijo enviándolo a la escuela del desierto.
"Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo" Oseas 11:1
El desierto tiene muchas valiosas lecciones que enseñarnos aún a nosotros hoy, que estamos tan apegados a los beneficios de la tecnología de nuestro tiempo: Cómo nos sentimos cuando perdemos la luz eléctrica? Qué hacemos los cristianos del siglo XXI cuando se descompone el aire acondicionado o el televisor?
Ciertamente, lo que para nosotros son pruebas hoy, serían asunto de asombro para los cristianos del primer siglo, quienes arriesgaban todos los dias sus vidas por causa del evangelio. Hoy lloramos y nos quejamos casi por cualquier nimiedad. Estamos dispuestos a irnos de la iglesia porque el pastor olvidó saludarnos y nos quejamos amargamente con Dios si el carro del vecino es de modelo más reciente que el nuestro.
La escuela del desierto nos enseña una lección básica de dependencia de Dios. Somos insensatos si pensamos que no necesitamos de Dios, cuando de echo sin El la vida es una imposibilidad. y no me refiero a la vida como sinónimo de existir, sino de vivir.
En el desierto no hay nada, cero comodidades, cero descanso, cero refrigerio. Solo hay bichos, muerte y desolación. Allí somos despojados de todo recurso humano, allí o recurrimos a Dios o morimos, o corremos a la vida o nos precipitamos a la muerte.
De la misma forma que el duro entrenamiento del soldado le vuelve fuerte, tenaz y resistente, de esa forma, la adversidad forja la fe de acero en el creyente. Qué sería de nosotros los cristianos, si no existiesen las luchas y las pruebas? Seríamos personas insensibles, autodependientes y autosuficientes; seríamos una inutilidad para ministrar a otros, pues jamás pudieramos mostrar empatía y de esa manera ayudarles a llegarse a Dios.
Es malo el entrenador en jefe de los soldados al hacerles pasar por todo aquello? Lo es nuestro Dios al permitir la adversidad tocar nuestras vidas? Es obvio que no. Pero seguramente que en el rigor del entrenamiento y en medio de la adversidad, más de un implicado se ha llegado a cuestionar eso.
La Biblia nos dice que Dios usa la adversidad a fin de lograr sus propósitos. Que nada que nos pasa rebasa su providencia. En el soldado la adversidad le endurece y le enseña disciplina, en el cristiano ésta le muestra su vulnerabilidad y su necesidad de poseer la fuerza que viene de Dios, el soldado adquiere una preparacion que lo faculta para pelear contra los enemigos de su nación, el cristiano una que lo prepara para pelear lo que Pablo llamó la buena batalla de la fe.
En la batalla de la fe se puede enfrentar el ataque fiero del mismo infierno, pero tenemos en Jesús la vistoria asegurada, pues El mismo mandó que las puestas del hades no prevalecerían contra su iglesia. Solo requerimos fe, guardar la fe, que la fe no se diluya, que no la perdamos en el fragor de la batalla.
Si hemos sido heridos en el fragor de la batalla, dejemos que el Espíritu Santo cure y vende nuestras heridas que aplique el bálsamo que nos traerá sanidad, no temamos salir lastimados, ni desertemos de las filas del Señor, que se llegará un día en que de pie delante de nuestro general, le mostraremos honrosamente nuestras cicatrices y El premiará nuestra fidelidad entregándonos una corona y un precioso galardón que han sido reservados para los que le aman.
Has llorado hasta sentir que no tienes fuerzas? Te has preguntado si Dios ya se olvidó de ti? A venido el enemigo a tu mente a susurrarte que estás solo y que a nadie le importas? Te sientes en el desierto aunque estés rodeado de personas? Has sentido alguna vez que tu mundo se derrumbaba? Has perdido aquello que considerabas más valioso para ti? Has pensado que la vida ha perdido su sentido?
Amigo, hermano, no pierdas la fe. En medio de tu pérdida, de tus lágrimas, de tu dolor; alza los ojos al cielo, que allí está un Padre amante esperando por ti. Muchas ocasiones tendremos que ser despojados de todos nuestros recursos, porque de otra manera jamás buscaríamos los de Dios. Otras tantas seremos dolorosamente despojados de nuestra soberbia a fin de poder plasmar en nosotros el maravilloso caracter de Cristo.
Si estás luchando, no desmayes, pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, como Pablo recomendó a Timoteo, revístete de la armadura de Dios para que puedas pelear y experimentar las victorias que forjaran en tí al hombre o mujer, al valiente, al guerrero de Dios.